lunes, 23 de diciembre de 2013

En el camino parte 2

En el camino esperaba encontrar a un acusador, encontró al Salvador.
Mientras la mujer caminaba hacia lo que sería el lugar que la apedrearían, esperaba encontrarse con un acusador, con alguien similar a las personas que la llevaban, e incluso peor que ellas.
Pero encontró a Alguien diferente, Alguien que no había venido a condenar (Jn 3:17), Alguien que se compadecía de la gente (Lc 7:13), al que le insistieron para que diera su veredicto (juicio que sólo le corresponde a DIOS y ÉL era DIOS), y mientras ella estaba esperando las palabras dichas por los labios del que tiene poder (Mr 4:39), se rompió el silencio de sus labios y escuchó hablar al Salvador.

Es una verdad que DIOS a causa del pecado del hombre está enemistado, pero DIOS que es rico en misericordia (Ef 2:4) nos ha reconciliado con ÉL a través de la obra de la  Cruz (Col 1:20-22). Así también Adán después de pecar pudo permanecer desnudo, pero Dios por amor a él les hizo pieles y los cubrió. Digamos como Andrés, “Hemos hallado al Cristo”(Jn 1:41), aunque ÉL ya nos esperaba desde antes a su encuentro.

En el camino de su soledad, encontró la mejor Compañía
Aquella mujer esperaba recibir la condena y sufrir las consecuencias de su maldad sola, porque aunque para el adulterio se necesitan de 2 personas, curiosamente solo la llevaban a ella; además ¿quién desearía acompañar a una pecadora en su caminar?, ¿quién desearía hacerle compañía a una adúltera?, ¿quién cruzaría palabra alguna con una mujer merecedora de muerte?, no había nadie que la pudiera ayudar, nadie que la pudiera librar, no había nadie que la quisiera defender; sólo ÉL Buen Pastor podía hacerlo.

Cristo no dirige palabra a la mujer hasta que se encuentran solos; San Agustín dice “Quedaron solos una gran miseria y una gran misericordia”. Cristo nos redimió de la maldición de la ley (Ga 3:13), salio a nuestro encuentro, y nos presentó la más dulce compañía, Su Persona.  

Estábamos solos (eso es lo que hace el pecado) pero cuando le conocimos y le vimos como el Salvador entonces extendió su promesa de la compañía (Mt 28:20), la promesa de que caminará con nosotros (Sal 23:4), de que en ÉL hay la seguridad que nunca tuvimos (Jn 10:27,28).

No hay comentarios:

Publicar un comentario