“Ni
yo te condeno” Juan 8:11
La historia de la mujer
adúltera se encuentra llena de detalles de gracia; es relatada en el evangelio
de Juan en el capítulo 8; y termina con la frase que todos los que no éramos de
la gracia…. alguna vez escuchamos: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”.
Era una mujer que había
sido sorprendida en adulterio, (tal vez la trampa fue puesta por los mismos
fariseos a la mujer), y por lo tanto la ley dictaba ser apedreada.
Existen muchas similitudes
entre la mujer y nosotros, por ejemplo; ella había sido sorprendida en el acto
mismo (Vrs 4) sin duda alguna la mujer no habría hecho algo así si supiera que
la verían; también nosotros somos así, pensamos que cuando cometemos pecado
nadie nos verá o se enterará, olvidando tristemente que DIOS está en todo lugar
y que todo lo ve.
También no podía presentar
ninguna defensa, ya que de todos modos resultaría ser culpable pues la habían
atrapado en el acto mismo; no hay excusa alguna que podamos presentar cuando
cometemos pecado, e incluso si intentáramos hacer lo anterior, no habría un
sincero arrepentimiento pero sí habría una lengua mentirosa en nosotros.
La mujer fue traída a los pies de Jesús por los fariseos, ¿no es
maravilloso ver cómo aún los enemigos del Señor Jesús buscando hacer un mal
terminan humillados ante Él? ; volviendo con la mujer ¿qué habrá pensado
mientras la traían al lugar en dónde ella creía que la iban a apedrear?.
En el camino de la muerte,
encontró la Vida
La mujer tenía en claro una cosa, “voy a morir”, esa era la pena por el
pecado cometido, no había escapatoria, sus acusadores ahí estaban, había sido
sorprendida por ellos, todo estaba en su contra. Aquel camino pudo ser el más
largo recorrido en toda su vida, y entonces se encuentra que la traen con
Alguien a quién llamaron Maestro.
El Maestro escribe en tierra y pronto se da cuenta de que sólo están
ellos 2; ÉL la mira con aquellos ojos que parecen saber todo lo que ha pasado,
con aquellos ojos de misericordia y le dice ¿Ninguno te condenó?.
Ella habla por primera vez, pues es la primera vez que le dan la palabra
en el “juicio”, para responder “Ninguno, Señor”, no le dice Maestro como los
fariseos; y entonces nuevamente las palabras se dirigen hacia ella diciendo “Ni
yo te condeno..”y entonces sabe que ese día su camino era de muerte y encuentra
la Vida.
Cuando estábamos en nuestro camino de muerte (Ef 2:3), hallados
culpables delante de los ojos del que todo lo ve (Rom 6:23) y al único que le
corresponde el juicio por los pecados porque es Santo (Sal 7:11), fuimos
atraídos a la Vida (Jn 14:6).
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