martes, 24 de diciembre de 2013

En el camino parte 1

“Ni yo te condeno” Juan 8:11

La historia de la mujer adúltera se encuentra llena de detalles de gracia; es relatada en el evangelio de Juan en el capítulo 8; y termina con la frase que todos los que no éramos de la gracia…. alguna vez escuchamos: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”.

Era una mujer que había sido sorprendida en adulterio, (tal vez la trampa fue puesta por los mismos fariseos a la mujer), y por lo tanto la ley dictaba ser apedreada.
Existen muchas similitudes entre la mujer y nosotros, por ejemplo; ella había sido sorprendida en el acto mismo (Vrs 4) sin duda alguna la mujer no habría hecho algo así si supiera que la verían; también nosotros somos así, pensamos que cuando cometemos pecado nadie nos verá o se enterará, olvidando tristemente que DIOS está en todo lugar y que todo lo ve.
También no podía presentar ninguna defensa, ya que de todos modos resultaría ser culpable pues la habían atrapado en el acto mismo; no hay excusa alguna que podamos presentar cuando cometemos pecado, e incluso si intentáramos hacer lo anterior, no habría un sincero arrepentimiento pero sí habría una lengua mentirosa en nosotros.

La mujer fue traída a los pies de Jesús por los fariseos, ¿no es maravilloso ver cómo aún los enemigos del Señor Jesús buscando hacer un mal terminan humillados ante Él? ; volviendo con la mujer ¿qué habrá pensado mientras la traían al lugar en dónde ella creía que la iban a apedrear?.

En el camino de la muerte, encontró la Vida
La mujer tenía en claro una cosa, “voy a morir”, esa era la pena por el pecado cometido, no había escapatoria, sus acusadores ahí estaban, había sido sorprendida por ellos, todo estaba en su contra. Aquel camino pudo ser el más largo recorrido en toda su vida, y entonces se encuentra que la traen con Alguien a quién llamaron Maestro.
El Maestro escribe en tierra y pronto se da cuenta de que sólo están ellos 2; ÉL la mira con aquellos ojos que parecen saber todo lo que ha pasado, con aquellos ojos de misericordia y le dice ¿Ninguno te condenó?.
Ella habla por primera vez, pues es la primera vez que le dan la palabra en el “juicio”, para responder “Ninguno, Señor”, no le dice Maestro como los fariseos; y entonces nuevamente las palabras se dirigen hacia ella diciendo “Ni yo te condeno..”y entonces sabe que ese día su camino era de muerte y encuentra la Vida.

Cuando estábamos en nuestro camino de muerte (Ef 2:3), hallados culpables delante de los ojos del que todo lo ve (Rom 6:23) y al único que le corresponde el juicio por los pecados porque es Santo (Sal 7:11), fuimos atraídos a la Vida (Jn 14:6).

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