En una ocasión tuve la
oportunidad de platicar con algunos amigos cuyos familiares habían ido a
“Tierra Santa”(amigos cuyos cuáles pasan momento de prueba y también es un motivo de esta redacción), también les comenté que era uno de mis anhelos viajar allá
(pues tengo algunos lugares que siempre he querido ver como eran y estar ahí);
ellos comentaban muchas de las cosas que vieron, pisaron, platicaron y tocaron
en aquél lugar.
Una de las cosas que me
llamó la atención fue que hablaron de un árbol, que era especial a todos los
demás, los visitantes solían tomarse fotos en ese árbol, pues según la
tradición sobre ese árbol se había recargado Jesucristo en su camino a la cruz;
y yo me preguntaba ¿Qué hizo a ese árbol especial?...Sin duda alguna fue la Persona que lo tocó, El Maestro, Señor, Dios manifestado en carne.
Parece que me entenderás
muy bien lo que digo, habiendo tantos árboles está marcado ese especialmente
por el toque del Maestro.
¿Qué me hace a mí hoy en
día especial entre tantos hombres? Sí, al igual que aquel árbol, el toque del
Maestro; el toque lleno de poder que toma la mano de la hija de Jairo y vuelve
a la vida (Mat 9:18-25), el toque de misericordia que siente el leproso y es
limpiado (Mat 8:1-4), aquel toque del Maestro que cambia vidas, que cuando
comienzas a hundirte extiende la mano al grito de “Señor, sálvame” (Mat 14:30).
¿Qué es lo que transforma
a una persona? El toque del Maestro, de gracia, que pone la mano en la herida,
que sana las dolencias.
Hoy me hizo pensar en que mis amigos son especiales aún en la tribulación pues han sido tocados por el Maestro, por el Señor, y sé que ese toque transformará la vida, pues es un toque de amor.
Ése árbol y yo no somos
tan diferentes, (el árbol es más atractivo pues al menos con el quieren sacarse
fotos jeje); pero ambos tuvimos el placer del toque del Maestro, eso es lo que
nos hizo especiales.
¡El toque del maestro! ese toque de poder, misericordia y amor, gran amor hacia mí!!! palabras confortantes :) gracias por compartir
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