jueves, 13 de marzo de 2014

Serie "El pecado" (David)

El pecado siempre te lleva más lejos de dónde quieres ir.
Continuando con la serie, el pecado. Llegamos a otro personaje conocido, su nombre es David, el rey (2 Samuel 11,12). Sus inicios fueron como pastor de ovejas (misma caso que le ayudaría a entender su pecado a través del profeta Natán), el mismo hombre que derrotó a Goliat, no pudo en sus fuerzas derrotar a un enemigo más silencioso y astuto.

La Biblia relata el momento oscuro de éste rey, que estando en su palacio en el tiempo de la guerra (no cumpliendo su obligación), vio una mujer y la codició, acostándose con ella sabiendo que era esposa de uno de sus oficiales (adulterio), al cuál lo mandó a dormir con su mujer pero se negó pues no podía darse el lujo de hacerlo estando la guerra. Por lo tanto dio la orden de que lo mandaran a lo más fuerte de la batalla, donde están los más valientes y que lo abandonarán para que muriera (Homicidio).
Entonces Dios envía al profeta Natán a hacerle ver su tremendo error.

¿En qué momento David pensó llegar a tal cosa? Nunca, sino no lo hubiera hecho. Dios le puso trabas para que no cediera, primero era el tiempo en que los reyes van a la guerra, y saltó esa barrera, después vio a Betsabé y cuando preguntó quién era esa mujer claramente le dijeron “Es la mujer de Urías”, ahí pudo poner un freno pero saltó también esa barrera. Betsabé concibió y manda a que Urías se acueste con su mujer pero él responde a David: Por vida tuya, y por vida de tu alma, no haré tal cosa; era el momento de decirle lo sucedido pero saltó esa barrera.

Pero pensamos… eso le pasó a David, no a mí; Acaso el pecado ¿No siempre te lleva más allá de donde quieres ir?. Cuando Natán le cuenta la historia del rico y el pobre y la oveja, David dijo: El tal es digno de muerte, no tuvo misericordia.

Mi querido lector, siempre el pecado nos lleva más lejos de donde pensamos ir, dale una mirada a nuestro alrededor. “Necesitamos ver al pecado como Dios lo ve”.

Enorme paréntesis.
David fue un hombre conforme al corazón de Dios, escribe Salmo 32, 51 arrepintiéndose de su pecado, de su linaje viene nuestro Señor Jesucristo, ¿acaso eso no le llamamos gracia?.


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