El pecado siempre te lleva más lejos de dónde quieres
ir.
Continuando
con la serie, el pecado. Llegamos a otro personaje conocido, su nombre es
David, el rey (2 Samuel 11,12). Sus inicios fueron como pastor de ovejas (misma
caso que le ayudaría a entender su pecado a través del profeta Natán), el mismo
hombre que derrotó a Goliat, no pudo en sus fuerzas derrotar a un enemigo más
silencioso y astuto.
La Biblia
relata el momento oscuro de éste rey, que estando en su palacio en el tiempo de
la guerra (no cumpliendo su obligación), vio una mujer y la codició,
acostándose con ella sabiendo que era esposa de uno de sus oficiales (adulterio),
al cuál lo mandó a dormir con su mujer pero se negó pues no podía darse el lujo
de hacerlo estando la guerra. Por lo tanto dio la orden de que lo mandaran a lo
más fuerte de la batalla, donde están los más valientes y que lo abandonarán
para que muriera (Homicidio).
Entonces
Dios envía al profeta Natán a hacerle ver su tremendo error.
¿En qué
momento David pensó llegar a tal cosa? Nunca, sino no lo hubiera hecho. Dios le
puso trabas para que no cediera, primero era el tiempo en que los reyes van a
la guerra, y saltó esa barrera, después vio a Betsabé y cuando preguntó quién
era esa mujer claramente le dijeron “Es la mujer de Urías”, ahí pudo poner un
freno pero saltó también esa barrera. Betsabé concibió y manda a que Urías se
acueste con su mujer pero él responde a David: Por vida tuya, y por vida de tu
alma, no haré tal cosa; era el momento de decirle lo sucedido pero saltó esa
barrera.
Pero
pensamos… eso le pasó a David, no a mí; Acaso el pecado ¿No siempre te lleva
más allá de donde quieres ir?. Cuando Natán le cuenta la historia del rico y el
pobre y la oveja, David dijo: El tal es digno de muerte, no tuvo misericordia.
Mi
querido lector, siempre el pecado nos lleva más lejos de donde pensamos ir,
dale una mirada a nuestro alrededor. “Necesitamos ver al pecado como Dios lo
ve”.
Enorme
paréntesis.
David fue
un hombre conforme al corazón de Dios, escribe Salmo 32, 51 arrepintiéndose de
su pecado, de su linaje viene nuestro Señor Jesucristo, ¿acaso eso no le
llamamos gracia?.
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