El pecado siempre sale más caro de lo planeado, y paga mal.
Una de las historias conocidas de la Biblia , es la de Sansón (Jueces 13-16). Un juez
de Israel, apartado desde su nacimiento que tenía como propósito librar al
pueblo de la mano de los filisteos pero el pecado le salió más acaro de lo
planeado.
Luego va a Gaza y vio
a una mujer ramera, y se llegó a ella. La mujer se llamaba Dalila, mujer que
deseaba saber el secreto de su fuerza. Sansón jugando una y otra vez (con
demasiada confianza en él mismo) sobre el secreto de su fuerza; hasta que un
día después de tanta insistencia dice la Biblia que “le descubrió todo su corazón” y le
reveló el secreto de su fuerza.
Sansón parece haber
violado su voto nazareo en dos ocasiones: tomó un panal de miel del cadáver de
un león y organizó un banquete donde se bebió vino, sólo le faltaba pasar
navaja sobre su cabeza.
¿Sabes como termina
Sansón?: Dice la Biblia
que le sacaron los ojos (los que le habían causado tanto daño), le ataron con
cadenas (cada vez más fuerte lo ató, primero fueron mimbres y terminó con
cadenas), y ahora tenía que divertir a los filisteos (de un hombre respetable a
un juguete).
Pero pensamos… eso le pasó a Sansón, no a mí; Acaso el pecado ¿No sale
más caro de lo planeado?. Sansón dijo “Saldré como las otras ocasiones” y no
fue así.
Mi querido lector, el pecado paga mal, sale más caro de la inversión
inicial, un ejemplo es el mundo de hoy, incluso a nuestra misma vida en
momentos oscuros. “Necesitamos llamar las cosas por su nombre”, esto es pecado.
Enorme paréntesis.
No hay que olvidar que el personaje aparece en la galería de los héroes
de la fe (Heb 11), era un hombre de fe, juzgó 20 años a Israel, y que el
Espíritu de Jehová venía sobre él, y fue escuchado cuando pidió terminar con
los filisteos. ¿Acaso no le llamamos eso misericordia?.
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