Con el pecado todo el camino es de bajada.
¿Qué
sentimos al aventarnos de un tobogán? Al menos yo siento muy padre, la
velocidad, los giros que vas dando, los jaloneos, y el momento de la caída;
aunque después que todo termina, termina tan rápido, y la vista de abajo no es
la misma que la de arriba, y es más difícil regresar arriba (subir todas las
escaleras) pues implica más esfuerzo que sólo aventarse del tobogán.
Siguiendo
con la serie de “el pecado” llegamos a otra historia que se encuentra en el
Nuevo Testamento, es una parábola conocida como el Hijo Pródigo (Lucas
15:11-32).
La Biblia
relata una parábola referida por el Señor Jesús, en donde el hijo menor le pide
a su padre la herencia que le corresponde. La petición del hijo menor
pone de manifiesto su naturaleza rebelde y el deseo de independizarse de su
padre, como si dijera «lo que va a ser
mío de todas maneras cuando te mueras.». No muchos días después lo junto todo y
se fue lejos de su casa (el lugar donde estaba más seguro), desperdiciando sus
bienes viviendo perdidamente, TODO lo malgasto y tuvo hambre, consiguiendo un
trabajo para apacentar cerdos, deseando comer las algarrobas de los cerdos pero
NADIE le daba.
¿En qué
momento el hijo pensó terminar en ésta condición?. Pasó de tener todos los cuidados
en casa de su padre a que le negarán la comida de los cerdos; de dar órdenes
(dame lo que me corresponde) a ser mandado, de ser recibido con alegría en casa
de su padre a arrimarse a una hacienda para apacentar.
Pero
pensamos… eso le pasó al hijo pródigo, no a mí; Acaso en el pecado ¿No todo el
camino siembre es de bajada?. Como en el tobogán, el disfrute se acaba, y entre
más largo es el tobogán más difícil es ponerle un freno, todo termina, la vista
no es la misma que cuando salimos pues ahora hay que rogar comida de cerdos, y
el camino a casa es más difícil, la distancia se hace más larga, más pesada,
pues no podemos volver con orgullo, sino en humildad, ahora deseamos ser tan
sólo un jornalero.
Mi
querido lector, todo el camino del pecado es de bajada, envejecen los huesos,
mordemos el polvo, por eso “Necesitamos confiar en el Padre, en sus cuidados,
en sus tiempos, en su Palabra”.
Enorme
paréntesis
El hijo
tuvo valor para admitir que había pecado, y emprendió el camino que seguramente
con la cara agachada, con vergüenza, tal vez con lágrimas, pero regresó. Nunca
podría saber que su Padre le estaba esperando si no hubiera regresado. El Padre
siempre salía a buscar a mirar si su hijo regresaba y cuando regresó le abrazó
y le besó, no importando su condición, mató el becerro gordo e hizo
fiesta.¿Acaso no llamamos eso amor?.
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