miércoles, 19 de marzo de 2014

Serie "El Pecado" (Hijo Pródigo)

Con el pecado todo el camino es de bajada.
¿Qué sentimos al aventarnos de un tobogán? Al menos yo siento muy padre, la velocidad, los giros que vas dando, los jaloneos, y el momento de la caída; aunque después que todo termina, termina tan rápido, y la vista de abajo no es la misma que la de arriba, y es más difícil regresar arriba (subir todas las escaleras) pues implica más esfuerzo que sólo aventarse del tobogán.

Siguiendo con la serie de “el pecado” llegamos a otra historia que se encuentra en el Nuevo Testamento, es una parábola conocida como el Hijo Pródigo (Lucas 15:11-32).

La Biblia relata una parábola referida por el Señor Jesús, en donde el hijo menor le pide a su padre la herencia que le corresponde. La petición del hijo menor pone de manifiesto su naturaleza rebelde y el deseo de independizarse de su padre, como si dijera «lo que va a ser mío de todas maneras cuando te mueras.». No muchos días después lo junto todo y se fue lejos de su casa (el lugar donde estaba más seguro), desperdiciando sus bienes viviendo perdidamente, TODO lo malgasto y tuvo hambre, consiguiendo un trabajo para apacentar cerdos, deseando comer las algarrobas de los cerdos pero NADIE le daba.

¿En qué momento el hijo pensó terminar en ésta condición?. Pasó de tener todos los cuidados en casa de su padre a que le negarán la comida de los cerdos; de dar órdenes (dame lo que me corresponde) a ser mandado, de ser recibido con alegría en casa de su padre a arrimarse a una hacienda para apacentar.

Pero pensamos… eso le pasó al hijo pródigo, no a mí; Acaso en el pecado ¿No todo el camino siembre es de bajada?. Como en el tobogán, el disfrute se acaba, y entre más largo es el tobogán más difícil es ponerle un freno, todo termina, la vista no es la misma que cuando salimos pues ahora hay que rogar comida de cerdos, y el camino a casa es más difícil, la distancia se hace más larga, más pesada, pues no podemos volver con orgullo, sino en humildad, ahora deseamos ser tan sólo un jornalero.

Mi querido lector, todo el camino del pecado es de bajada, envejecen los huesos, mordemos el polvo, por eso “Necesitamos confiar en el Padre, en sus cuidados, en sus tiempos, en su Palabra”.

Enorme paréntesis
El hijo tuvo valor para admitir que había pecado, y emprendió el camino que seguramente con la cara agachada, con vergüenza, tal vez con lágrimas, pero regresó. Nunca podría saber que su Padre le estaba esperando si no hubiera regresado. El Padre siempre salía a buscar a mirar si su hijo regresaba y cuando regresó le abrazó y le besó, no importando su condición, mató el becerro gordo e hizo fiesta.¿Acaso no llamamos eso amor?.


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