domingo, 12 de enero de 2014

Promesas cumplidas parte final

La promesa cumplida es un préstamo para dar gloria a Dios.
Ana estaba convencida de que Dios le había dado ese hijo (1 Sam 1:27), Abraham estaba convencido de que Dios tenía el poder para resucitar a Isaac (Heb 11:19) y que tenía el pleno derecho de pedírselo.
¿Qué de nosotros?, Nuestra pareja dice que pertenece a Jehová (Pro 19:14), nuestros hijos dice que son herencia de Jehová (Sal 127:3), nuestro cuerpo dice que no es vuestro es de Dios (1 Cor 6:19),de ÉL recibimos todo (1 Cor 4:7). Todo lo que tenemos tan sólo es un préstamo, y es para darle la gloria a Dios.
¿Qué hago con un préstamo?, lo cuido para entregar buenas cuentas AL que me lo presto, debo tener cuidado de lo que se me da, pues la promesa cumplida es para cuidarla, y también disfrutarla. Abraham lo hizo en sus días, aún cuando era ya viejo, buscó esposa para Isaac (lo cuido de la mujer extraña) y también disfruto a su hijo, Ana lo puso en las manos de Jehová (lo entregó al abrigo del Altísimo).

La promesa cumplida siempre enseña el carácter de Dios.
Todo lo que Dios hace es bueno en gran manera, todo. Ana entendía muy bien el carácter de Dios, diciendo “Halle tu sierva gracia delante de tus ojos”, y entonces Jehová se acordó, Ana conoció la gracia del Señor. Abraham entendió de una manera más profunda la provisión de Dios a como lo había hecho cuando tuvo a Isaac (pues también era algo asombroso tener un hijo en la vejez), nunca imaginó la manera en que Dios proveería el cordero, fue asombrado (Jehová-jireh).
Cuando Dios responde nuestra oración, lo hace de una manera en la cuál muestra Su carácter: Bueno, amor, sorprendente; y nos deja ver su gracia, su provisión, su cuidado.
¿Qué hicieron Ana y Abraham? Ellos reconocían que ante Dios estaba todo el control, tuvieron plena confianza en los planes de Dios, derramaron su corazón, y hallaron gracia delante de Dios.

La promesa cumplida cuando de nuevo se entrega a Dios nos hace adorar.
Abraham y Ana iban con una ofrenda para entregar por sus promesas cumplidas; ambos vieron lo que Dios realizo, y entonces adoraron.
El salmista dice “Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios”(Sal 103:2) y empieza a dar una lista de todas las cosas que se nos ha hecho y que se nos han dado. ¿Cuándo se ha olvidado DIOS de sus promesas? Nunca, e incluso las tiene más presentes que nosotros que las recibimos; ¿Cuándo ha quebrantado Dios su pacto? Nunca, siempre ha permanecido fiel.  Nuestro problema es que olvidamos lo que se ha hecho por nosotros y lo que se nos ha dado, por eso el recordatorio es “Bendice y no olvides”.

Miremos a nuestro alrededor, a nuestro interior, y veamos al cielo a nuestro Señor y Dios por todo lo que se nos ha dado sin merecer, porque las promesas cumplidas del Señor en nuestra vida han sido muchísimas, y todas han sido llenas de gracia.

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