La
promesa cumplida nunca debe tomar el lugar del Dador de la promesa.
Ellos amaban a sus hijos
(como muchos hemos experimentado ese amor como hijos), pero también estaban
dispuestos por amor a Dios a entregarlos, tenían una plena confianza en Dios.
En ocasiones oramos a Dios
por un trabajo, una pareja, hijos, una carrera o un anhelo de nuestro corazón, (un blog jeje) pero en ocasiones cuando los recibimos (lo recibo) empieza a tomar el lugar
que sólo le pertenece a Dios, nos volvemos (me vuelvo) tan ocupados que poco a
poco hacemos a un lado al Dador de la promesa.
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