A lo largo de mi vida, por
gracia de Dios, he tenido la oportunidad de visitar algunos lugares que me
dejan impresionado, y me ponen a pensar. Generalmente son bellezas naturales
que regalan un espectáculo impresionante (atardeceres, puesta del sol, cielo
estrellado, animales, cuerpos de agua, montañas, etc) y que demandan por su
misma belleza un Creador.
Después de ver la
naturaleza (el más grande predicador de todos los tiempos, decía un escritor),
miro a mi alrededor donde encuentro personas que comparten el mismo sentir, no
de admirar la naturaleza sino de adorar al Creador.
Tiempos en donde abrimos la Palabra de Dios, espada de
dos filos que penetra en nuestra alma, tiempos en donde abrimos nuestro corazón
para cantar salmos, himnos y cánticos espirituales, tiempos en donde abrimos
nuestra boca para contar de la gracia que nos rescató y nos está transformando;
tiempos para olvidarnos del mundo exterior que nos aflige y adorar en Espíritu
y en Verdad Al que nos consuela; tiempos para sostener nuestras manos unos a otros y dejar nuestras pesadas cargas en Aquél que su yugo es fácil y ligera su carga, todos reunidos con un mismo objetivo, y por
una misma Persona; muchos le llaman
campamentos, retiros, congresos, conferencias, muchos otros le llamamos
“pedacito de cielo”.
¿Te imaginas el cielo?
Seguramente se quedará corto a todo lo que hemos visto, oído, vivido o
imaginado. ¿Te imaginas a hombres y mujeres de toda lengua y nación adorando?, Todos
los redimidos por la sangre del Cordero ahí estarán.
Siempre me he preguntado a
la hora de la reunión ¿Cuántos más no estarán en este mismo momento igual que
nosotros reunidos con un solo sentir?. ¿Y en todo un día cuántos lo hacen? Muchísimos, desde los que tienen
libertad de hacerlo, hasta los que arriesgan su vida por reunirse.
:) que bonito
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